Dicen que la música amansa a las fieras… ¿lo hace así también con los consumidores?
Para escribir esta entrada eché mano –oído, mejor dicho– de uno de mis compositores favoritos: Max Richter. En mi opinión su música crea un ambiente propicio para la concentración, y de alguna manera dispara la creatividad.
Y es que hay música para todo en la vida. Música de elevador, de restaurante, de microbús… y hasta para hacer branding.
Tal es el caso de la música que escuchamos en una tienda de ropa, cien por ciento pensada para estimular la venta (es un hecho que los beats graves acompasados con el ritmo cardíaco hacen que pasemos más tiempo en la tienda y compremos más).
De ahí que la música sea uno de los principales vehículos del llamado audio marketing, que puede hacer también referencia a podcasts y otros tipos de contenido auditivos. Sin embargo, para efectos de este post nos limitaremos al empleo de la música.
Un branding que se siente
¿Cuál es la utilidad de la música para una marca, una página web, un lanzamiento, una campaña interna? Gracias al neuro marketing sabemos que esta estimula varias zonas del cerebro, en especial aquellas relacionadas con el placer y las emociones.
Esto hace de ella uno de los mejores vehículos para vender o enamorarse de un producto, de una empresa, de una idea. Se trata, casi casi, de una cuestión visceral.
Y es que la música tiene un potencial gigantesco para que las organizaciones y sus marcas conecten emocionalmente con el consumidor de una manera agradable, entretenida y no intrusiva (algunas de las características del content marketing, que puede hacer de este recurso auditivo un valioso aliado).
También es una herramienta indispensable utilizada de manera estratégica en el branding para conseguir objetivos de marca. Aquí la palabra clave es “estratégica” pues, ciertamente, la música tiene la capacidad de ayudar a las organizaciones a alcanzar sus objetivos de marketing y comunicación.
Un ejemplo son los grandes eventos musicales de Coca-Cola y Corona, que buscan –y logran, de manera potente– acercarse a los consumidores. El amor por una marca también entra por los oídos.
Otros ejemplos consisten en cosas como producir playlists en Spotify o SoundCloud (véase el caso de Nike), embeber música en blogs y compartirla en redes sociales. Pero ojo. Hay que tener cuidado de que los artistas incluidos no choquen con la marca y de no convertir el playlist en anuncio comercial (¿recuerdas la máxima de “no intrusiva”?).
Quizá sea momento de analizar si estamos sacando partido de la música en los contenidos de mercadotecnia, en nuestras páginas web, videos, webinars y podcasts.
Para cerrar, aquí les dejo una probadita de lo que la música hace a nuestras emociones y para la que no hay palabras. Bueno, dos… son mexicanos.
Y tú ¿conoces otros ejemplos? Comparte tus ideas con nosotros y no olvides seguirnos en redes sociales (Ln / Tw/ Fb). ¡Ah! y también te invitamos a que le eches un ojo a nuestra página: icoimagen.com.mx





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