La transformación digital y un pronóstico de vida cada vez más largo han redefinido el perfil de los consumidores de programas de educación continua.

Los programas de educación continua no son nuevos: las universidades cuentan con divisiones dedicadas a ella desde hace más de medio siglo. La novedad es que muchas cosas han cambiado desde entonces. Entre otras, la posibilidad de evitarse el paso por aulas físicas para aprender en entornos digitales.

El e-learning es un sector en crecimiento. Basta pensar que, en 2018, el 71% de los profesionales estudió algún programa en línea, de acuerdo con el informe de LinkedIn de ese año, Workplace Learning Report.

Y los números siguen creciendo. No solo por las posibilidades que abre el universo digital para los programas corporativo-empresariales y para aprender prácticamente sobre cualquier cosa, sino también por:

  • La urgente necesidad de mantenerse al día para no ser expulsado de los círculos laborales.
  • El mayor interés por probar suerte en otras áreas, reinventarse y dar un giro a la trayectoria profesional.
  • La certeza de que el espectro de vigencia de un grado (licenciatura o maestría) podría ser de solo cinco años. Por eso, como señala Niklas Göke en su artículo The Future of Learning, “cada año que pasa sin continuar preparándose, el profesional comienza a perder vigencia gradualmente”.

Por ello, para 2022, “más de la mitad de los trabajadores necesitará someterse a un proceso de redefinición y adquisición de nuevas habilidades”, de acuerdo con el reporte del Foro Económico Mundial sobre el futuro de los trabajos publicado en 2018.

Aprendices cada vez más longevos

Otra circunstancia que ha modificado el panorama y el perfil del consumidor de programas de educación continua es una creciente expectativa de vida. De acuerdo con la investigación The Corporate Implications of Longer Lives de MIT Sloan Management Review, esa expectativa aumentado dos o tres años por década. Esto significa que un niño nacido en 2007 tendría la posibilidad de vivir más de 100 años.

Este span de vida extendido hace temblar el modelo lineal de tres etapas que ha privado durante tantos años. Ese modelo implicaba pasar de una etapa de educación de tiempo completo a otra de trabajo de tiempo completo hasta que llegaba el retiro. Ese modelo ahora será sustituido por lo que muchos ya nombran como una “vida multietapas” en la que la linealidad ya no existe.

Este nuevo esquema –de acuerdo con la investigación del MIT– extiende la demanda de educación a lo largo de toda la vida. Abre también la posibilidad de que cada quien ordene sus etapas dependiendo de sus motivaciones, preferencias, exigencias laborales y requerimientos financieros. Una vida más larga crea oportunidades para planear y vivir nuevas etapas, de modo que cada individuo construya su propia secuencia de acontecimientos.

En este escenario, la edad deja de ser un factor determinante para iniciar o no una aventura de aprendizaje. Un cuarentón, por ejemplo, considerará seriamente cuándo y en qué áreas necesita darle un upgrade a sus habilidades para continuar creciendo en su profesión. Incluso, podría plantearse si es factible cambiar de rumbo y aprender otra cosa.

 

El nuevo consumidor de educación continua

Navegar exitosamente hacia un periodo de vida “ampliado” requiere aprender y afinar nuevas habilidades, y mantener el entusiasmo, la motivación y el bienestar. También perfila un consumidor de educación al que es necesario conocer bien para entender sus necesidades y diseñar productos a la medida de sus exigencias.

 

 

Los rasgos de este nuevo buyer persona perfilan un prospecto que:

  • Entiende y abraza el aprendizaje permanente como una forma de sobrevivencia. También lo ve como un camino para reinventarse, aprender nuevas cosas o recrear sus perspectivas de “retiro”.
  • Está dispuesto a invertir tiempo y dinero en aprender.
  • Está descubriendo que el universo digital le abre la puerta a posibilidades que antes estaba lejos de imaginar. Las posibilidades de preparación presencial que ofrecían los centros de educación continua de las universidades o los organismos capacitadores ya no son su única opción.
  • Va perdiendo el miedo a explorar otros campos de acción y está dispuesto a que su vida laboral involucre diferentes trabajos en diversos sectores. Por lo mismo, está mucho más dispuesto a adaptarse y desarrollar nuevas habilidades e intereses.
  • Comprende la necesidad de desarrollar su “ciudadanía digital”, lo que implica y exige nuevos y constantes aprendizajes.
  • No está dispuesto a tolerar que la edad sea el único factor que determine quién es y qué busca en la vida.
  • Tiene la posibilidad de elegir contenidos educativos mucho más allá de su ubicación física, para acceder desde cualquier dispositivo móvil a cursos, seminarios y programas educativos no solo de proveedores internacionales, sino también de las universidades con mayor prestigio en el mundo.

Aprendizaje permanente: más necesario que nunca

Así las cosas, a medida que la vida se alarga y el cambio tecnológico se acelera, la necesidad de aprendizaje permanente se incrementa. Ahora la gente se interesa en adquirir conocimientos y habilidades cuyo valor va incluso más allá de su estatus laboral actual. Estas circunstancias provocan que el modelo tradicional de aprendizaje conviva con modelos educativos flexibles. Y, por lo mismo, ponen en acción un mercado creciente e integrado por públicos con necesidades y perfiles distintos.

 

 

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Dolores Carbonell

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