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Al analizar las posibilidades y los verdaderos alcances de los LLM, hay quien hace analogías y paralelismos. Algunos señalan –no sin algo de razón– que ChatGPT (y sus congéneres) se asemeja a un “JPEG borroso” de la web. La afirmación se basa en el principio mismo del funcionamiento de la herramienta. Esto es, su capacidad para reempaquetar información utilizando palabras diferentes.

La analogía es de Ted Chiang, escritor de ficción especulativa, en un artículo publicado por The New Yorker:ChatGPT es un JPEG borroso de la Web: el chatbot de OpenAI ofrece paráfrasis, mientras que Google ofrece citas. ¿Cuál preferimos?

Ganador de cuatro premios Hugo y cuatro premios Nébula (dos de los más prestigiados en fantasía y ciencia ficción), Chiang explica así su apreciación: “El hecho de que ChatGPT reformule material de la web en lugar de citarlo palabra por palabra hace que parezca un estudiante expresando ideas con sus propias palabras… en lugar de simplemente regurgitar lo que ha leído. Esto crea la ilusión de que comprende el material porque lo está presentando con sus propias palabras”.

Convenientemente, la “borrosidad” a la que se refiere resulta útil como un camino para evitar una infracción flagrante de derechos de autor.

Se valide o no la analogía de Chiang, lo cierto es que los LLM, incluyendo ChatGPT, no son entidades (por lo menos aún…) conscientes. Es un hecho que pueden proporcionar respuestas coherentes. Y son de mucha ayuda para enfrentar la página en blanco. Pero no tienen una comprensión de cada texto creado. Tampoco la capacidad de razonar como entidades conscientes.

Hacer copias… de las copias

Al reformular el material de la web, en lugar de citarlo textualmente o expresando ideas “con sus propias palabras”, los LLM crean una ilusión de comprensión. Hacen la finta, pues, como la puede hacer un estudiante cuando se limita a regurgitar información, y no se empeña en interpretarla y comprenderla.

Esto se complica si pensamos que, cuanto más se publican en la web los escritos generados por los LLM, la borrosidad no hace más que crecer. Entonces, como también señala Chiang: “…la web se convierte en una versión más borrosa de sí misma… Es el equivalente digital de hacer fotocopias repetidas de fotocopias… la calidad de la imagen sólo empeora”.

Se recomienda mantener distancia

Por aquello de la “borrosidad” y la falta de estilo personal, periodistas y creadores de contenido con larga experiencia mantienen su distancia. Sí que utilizan los LLM para acelerar el trabajo, pero lo hacen con precaución. Y desde luego, distan aún de creer en la omnipotencia de los modelos de lenguaje.

Con más de cuatro décadas de experiencia escribiendo, haciendo periodismo y creando contenidos, reconozco la “aparente” coherencia de los textos que me arroja ChatGPT. De hecho, es un asistente mucho mejor que algunos de los que he tenido y, sin duda, mucho más rápido. No obstante, también creo que el modelo no me sustituye ni tiene mi propia experiencia, instinto o capacidad creativa.

“Cuando una computadora parece ‘hablar nuestro idioma´–dice Steven Johnson– es el usuario quien realiza la mayor parte del trabajo”. (Steven Johnson, “La IA está aprendiendo a dominar el lenguaje. ¿Deberíamos confiar en lo que dice? Revista New York Times)

Así lo compruebo ahora, cuando trabajo sobre un borrador creado por ChatGPT (ojo: con información investigada y proporcionada por mí) para escribir este artículo.

Eso, advertencia, no supone que, como le sucedió a Steve, no sienta un escalofrío al ver los alcances de los LLM. Y es que lo que los profesionales vemos es su capacidad para sustituir a los asistentes en redacciones y compañías abocadas a la generación de contenidos. Como afirma el mismo Johnson: “Parecía imposible que una máquina pudiera generar un texto tan lúcido y receptivo basándose enteramente en el entrenamiento elemental de la predicción de la siguiente palabra”.

Pero el escalofrío sube de intensidad cuando nos preguntamos cómo se formarán los nuevos periodistas y creadores de contenido. Yo, como muchos colegas, tuve maestros definitivos que me enseñaron a partir de mis propias metidas de pata. También aprendí con ellos el sentido de la pertinencia, la ética periodística y hasta las mañas para comenzar a contar mis primeras historias…

Una cosa es definitiva, ChatGPT y sus congéneres no serán maestros de nadie, ni de escritura, ni de estilo, ni de instinto, ni de sentido de la pertinencia. Tampoco de ética periodística. Y de ninguna manera aportará esa experiencia pasada, íntima y personal que hace únicas las mejores crónicas e historias periodísticas. Los grandes contenidos tienen ese no sé qué que conecta con el interés y la piel de un público lector.

En ICO trabajamos diariamente en “sociedad” con herramientas como ChatGPT, y eso ha acelerado aún más nuestra capacidad de respuesta al cliente, que siempre ha fructificado en relaciones de largo plazo con clientes y empresas.

No obstante, seguimos formando y entrenando a nuevos elementos humanos para que desarrollen el sentido de pertenencia y la pericia que necesitamos para entender plenamente las necesidades del cliente, el lenguaje de su marca, y comunicar efectivamente sus objetivos estratégicos a nivel interno y externo.

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Dolores Carbonell

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