El multimedia es la incorporación de diversos lenguajes a la comunicación digital, de forma que se dé una síntesis que resulta en una experiencia diferente –y más rica– para el usuario. Se trata de una vivencia estética que se da tanto en lo intelectual como en lo emocional y que conjuga al lector, con el escucha y el espectador.

Decía Jean-Paul Sartre en la Presentación de Tiempos Modernos, que la síntesis es la suma de sus partes y algo más. Como ejemplo de lo que quería decir, el gran reportaje Los 10 días que conmovieron al mundo, del gran periodista estadounidense John Reed, considerado por el filósofo y escritor francés una de las obras maestras de la literatura del siglo XX.

La lectura de ese gran reportaje facilita al lector la comprensión de cómo Lenin llegó al poder con más claridad que muchos textos de historia. Permite aprehender el suceso más allá de la información y entender en forma vívida el triunfo de una revolución que influiría en el mundo como muy pocos movimientos sociales han hecho.

Obras que no se olvidan

Otro ejemplo, pero de cine: En los años 70, cuando era estudiante de comunicación, mi papá –que había dejado de ir al cine a principios de los años 50–, me recomendó una película que pasaban esa noche en la tele porque la había visto 20 años antes y le había impactado mucho.

Se refería a Ladrón de bicicletas (Italia, 1948). Lo interesante de la anécdota es que mi papá no recordaba que era una película de Vittorio de Sica, ni mucho menos sabía que se trataba de una joya cinematográfica del neorrealismo italiano.

Simplemente no la había olvidado porque esa película se había convertido para él en una experiencia de vida (una experiencia comunicativa) que le ayudó a entender y a sentir la postguerra. Es decir, a comprender intelectual y emocionalmente su propio tiempo.

En otras palabras: ver Ladrón de bicicletas le había dado una síntesis vívida de lo que había pasado y que, generacionalmente, le resultaba muy pero muy cercano.

Ambos ejemplos, el gran reportaje de John Reed y la película de Victorio de Sica tienen algo en común: los dos dramatizan una realidad, un suceso, y al dramatizarlo lo transforman.

La convergencia de esta dimensión dramática con la dimensión informativa hace que el multimedia sea algo más que la suma de los medios y lenguajes que intervienen. La comunicación digital –aunque con sus limitaciones — está cada vez está más cerca de lograr esta síntesis mediática, convirtiendo la comunicación colectiva en una experiencia integral.

Conclusiones:

1. Innovación bien aplicada

La revolución de la comunicación digital ha dado a las organizaciones y a las marcas herramientas comunicativas con un enorme potencial, pero que se subutilizan en muchas ocasiones porque seguimos haciendo la comunicación de acuerdo con los patrones anteriores.
Un claro ejemplo de esto es la “transformación” de la revista institucional impresa en una revista digital. Escribimos transformación entre comillas porque la mayor parte de las veces se trata de una burda adaptación a pantalla de lo que se hacía antes, en lugar de explorar las posibilidades que ofrecen los nuevos medios y herramientas digitales como el blog.

2. La creatividad es la base, no la tecnología

La esencia de la creatividad comunicativa sigue siendo la misma a pesar de los avances tecnológicos. La fuerza para comunicar continua residiendo, no en la tecnología, sino en la capacidad para contar historias (storytelling) que conviertan la materia comunicativa en una experiencia tanto intelectual como emocional.

3. Comunicación que organiza

Si una de las razones de ser de la comunicación organizacional es, precisamente, coadyuvar a “organizar” a la institución para cumplir sus objetivos; ayudarla a reducir la tendencia al caos que tiene toda organización; y darle cohesión en la transformación a la que, queriéndolo o no, se ve sometida; para cumplir su propósito tenemos que lograr que la comunicación que hagamos se convierta en una experiencia compartida que ayude a hacer de la organización una comunidad, es decir, una organización social viva y cambiante, que comparte una cultura en común.

4. No perdamos el objetivo

Lo mismo aplica para la mercadotecnia de contenidos. La comunicación digital facilita crear conversaciones en la medida en la que logremos transformar los mensajes de marca en experiencias de consumidores.
Sin esto, sin hacer de la comunicación una experiencia, la comunicación corporativa y el marketing de contenidos son mera decoración.

¿Qué piensas? Comparte tus ideas y experiencias sobre multimedia y storytelling con nosotros.

*Este artículo corresponde a una segunda versión de un artículo más breve que publiqué en el libro 100 autores en 500 palabras (Ed. Océano, México 2013), editado por AMCO para celebrar su 40 aniversario.

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Javier Mier

Author Javier Mier

Autor de varios libros, profesor universitario, periodista, guionista y estudiante permanente, ama contar y que le cuenten historias.

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