No más áreas de comunicación aisladas y operando de manera periférica. Es hora de hacer de la comunicación un eje transversal estratégico de la empresa.

Es inútil pretender que las organizaciones funcionen con los parámetros comunicacionales del siglo XX o, incluso, de los primeros años del XXI.

Hoy, por ejemplo, las conversaciones en redes sociales y otros canales han permeado en los planes y proyecciones de las empresas. Sin importar el tamaño de la organización, prácticamente cualquier aspecto es susceptible de ser analizado y sometido a juicio por sus grupos de interés, que por lo general son sus clientes, colaboradores, accionistas y proveedores, así como las autoridades y la sociedad a la que sirve.

Como parte de su gestión estratégica, las empresas están obligadas no solo a escuchar esas conversaciones, sino también a participar en ellas y generar las acciones o respuestas adecuadas. Es solo una de las variables que han puesto de cabeza la actividad de las áreas encargadas de la comunicación corporativa.

¿Qué exigen las nuevas pautas?

1. “Colarse” por la columna vertebral de la empresa (con la venia de la cúpula, obvio) para construir mejores escenarios de relación, sustentabilidad, transparencia y reputación. En teoría, esto debería generar una mayor rentabilidad; objetivo que persigue cualquier entidad productiva. Los otros departamentos colaborarán con gusto con la anteriormente difusa área de comunicación cuando vean una conveniencia real.

2. Convertir a la comunicación en eje transversal estratégico que apalanque los objetivos de la empresa y dé resultados tangibles. No más áreas de comunicación aisladas, fragmentadas y operando de manera periférica. No más reseñas de eventos ni publicación de avisos de ocasión, a menos de que tengan un sentido para el negocio.

3. Dar a conocer el core del negocio a los grupos de interés. Dejemos de lado la divulgación machacona de la misión, visión y valores: fue lindo hace años; hoy ya no distingue a nadie. Concentrémonos en difundir una frase sincera y verdaderamente diferenciadora que refleje la razón por la que la empresa ocupa un lugar en el mercado.

4. Estar en disposición de fomentar y cultivar un vínculo de largo plazo con los grupos de interés. Un vínculo que supone escuchar, expresar posiciones y rectificar cuando sea necesario, así como generar confianza y credibilidad.

5. Cuidar la reputación de la empresa como si fuera la nuestra, poniendo atención a las redes sociales y a otros canales importantes para los grupos de interés. Ya no es tiempo de reaccionar ante críticas y cuestionamientos, sino de ser proactivos, previsores, casi adivinos, ante cualquier amenaza a la imagen corporativa.

La comunicación corporativa es un asunto que las empresas deben tomar en serio y poner al día, y es labor de los profesionales dar a su “área” el lugar que le corresponde como parte medular del negocio.

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Si ya aplicas alguna de estas pautas y te ha dado resultado, te invitamos a compartir tu experiencia. Si has encontrado alguna otra que ha resultado efectiva, cuéntanosla en este espacio.

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María Elena Noriega

Author María Elena Noriega

Comunicóloga, periodista y experta en temas de comunicación organizacional, escribe y canta a la menor provocación.

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