Para ser un orador exitoso, el primer paso es tener muy claro lo que vas a decir en cada situación.

En la entrada anterior de esta serie dedicada a ayudarte a mejorar tus habilidades de expresión oral vimos algunos consejos para superar el pánico escénico. Asumiendo que ya aceptaste con gusto la próxima plática que dirás frente a todos tus compañeros de trabajo, ahora veremos qué elementos debes tomar en cuenta para planear bien tu discurso. Como dijimos: el primer elemento para vencer el miedo a hablar en público es dominar el tema del cual vas a hablar.

Así, Mark Twain decía que se necesitaban mínimo tres semanas para planear un discurso ¡improvisado! Sin llegar a tales extremos, lo cierto es que si quieres tener un buen desempeño frente al público, sí vas a necesitar dedicar un buen rato a dilucidar –primero en tu cabeza y luego por escrito- qué es lo que quieres decir exactamente.

Para ir discriminando la información que tienes sobre el tema en cuestión y lograr un discurso ameno, ágil y útil para quienes te escucharán, es importante que analices cada parte de tu investigación a la luz de tres reflectores: tu audiencia, tú como expositor y el contexto de la exposición:

Conoce a tu audiencia

Por audiencia entendemos a quién o quiénes serán las personas que escucharán tu discurso y debes preguntarte: ¿cuánto saben ya del tema que vas a abordar?, ¿qué quieren saber?, ¿qué actitud tienen frente al tema o temas que vas a tratar? No es lo mismo exponer algún tema en una junta con 12 personas que dar una conferencia frente a una multitud.

Asimismo, es válido adaptar tu mensaje en función de las personas clave dentro de tu audiencia. Por ejemplo, si el objetivo de tu próxima exposición de resultados trimestrales es conseguir que el Consejo de la empresa apruebe un incremento en el presupuesto anual, sería sumamente útil que sepas de antemano qué persona es la que tiene más peso en la decisión para entonces incluir datos específicos que a esa persona le interesa saber.

Analízate a ti como expositor

El estilo de hablar de cada persona es único. Cuando damos una presentación, parte de nuestra personalidad queda “calcada” en lo que decimos y por eso es importante que, cuando vamos a dar una exposición frente al público, tengamos muy claro cuál es nuestro objetivo, qué tanto conocemos del tema y cuáles son nuestros sentimientos o percepciones sobre lo que vamos a decir.

Como puedes imaginar, si te “obligan” a dar una plática que defienda los derechos de los fumadores cuando eres alguien que no soporta el cigarro, seguramente te costará mucho trabajo conseguir credibilidad frente a tu audiencia. Lo ideal es tener la libertad de elegir el tema y el enfoque de cada plática que se da, aunque por ahí dicen que los buenos expositores son capaces de defender con destreza incluso los temas con los que no están de acuerdo.

Reflexiona sobre el contexto de tu plática

El contexto de cada discurso influye mucho en la forma en que es recibido por los destinatarios y por eso hay que tomar en cuenta las características propias del medio de comunicación que usarás: no es lo mismo dar una videoconferencia que hablarle a un público en vivo y en directo. La duración del discurso así como el horario en que darás la plática también deben ser tomados en cuenta al momento de planear tu discurso, pues lo que implica dar un discurso de 15 minutos a las 10 de la mañana es muy diferente a lo que significa impartir una conferencia de dos horas a las seis de la tarde.

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SANDRA MORALES

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Sandra Morales

Author Sandra Morales

Maestra, periodista y coleccionista de títulos, sus idas y vueltas la han hecho experta en el arte de las relaciones públicas.

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