JAVIER SOLÓRZANO

¿Por qué si tantas cosas son “sustentables”, ¿por qué la “sustentabilidad” parece no estar teniendo efecto?

Es común encontrar frases del corte “al pensar un modelo de negocio, asegúrate que sea autosostenible”, escuchar a un compañero hablar de un proyecto para mejorar “la sostenibilidad” de la empresa, o conocer a alguien que participa en “proyectos sostenibles” en sus ratos libres. La sostenibilidad se ha convertido en una especie de mantra. Tiene el poder mágico de imbuir a quien la nombra de un aura de eficiencia y conciencia ecológica.

La mayoría de las personas que la emplean no tiene idea de qué es la sostenibilidad, y no es del todo su culpa. En cuanto un término gana notoriedad surgen variantes que erosionan su significado. Sustentabilidad, autosustentabilidad y autosostenibilidad son otras formas que la gente usa para referirse a lo mismo y que, con el uso excesivo, pierden sentido. ¿A qué se refiere exactamente una empresa cuando dice que es autosostenible? Ni idea.

¿Por qué tengo qué saber qué es la sostenibilidad?

Si no, no puedes reconocerlo y no puedes juzgar si lo que haces está bien. Es común ver en algunas compañías o políticos usan el término de forma indiscriminada. Ejecutivos, que por cinismo o ignorancia, presumen atributos de su compañía que la hacen parecer sostenible cuando en definitiva no lo es.

La sostenibilidad es algo relativamente nuevo. Proviene de la esfera ecológica y social y, aunque ya sonaba en el círculo ambientalista y de política pública, es en 1987 cuando se acuña a nivel global con el Reporte Brundtland,una investigación independiente comisionada por la ONU basada en tres pilares: el ambiental, el social y el económico.

En su concepción original, el término “sustainability” se refiere a la cobertura de las necesidades presentes de la humanidad sin comprometer la capacidad de generaciones futuras de satisfacer las propias. En un principio se centraba en la calidad ambiental y la equidad social, para posteriormente agregar el elemento económico. Consecuentemente, cualquier idea “sostenible” debe abarcar los tres aspectos.

El aspecto económico

Cuando escuchamos a alguien decir que un negocio es autosustentable hay que tener cuidado. Es posible que se refieran sólo al componente económico y que lo que realmente quieran decir es que el negocio produce utilidad suficiente para seguir operando.

Limitar la sostenibilidad al aspecto económico es una práctica común, puesto que en la sociedad actual se tiene la idea de que una buena economía es capaz de compensar cualquier daño (sea ecológico, material, social e incluso moral). También porque así es más fácil de entender: ¿hace o no hace dinero?

Si la respuesta es sí, desde ese punto de vista eres “sostenible”, de lo contrario estás en la quiebra. El punto es que el negocio sea rentable sin comprometer los otros aspectos.

El aspecto ambiental

Las acciones para cuidar el bienestar ambiental carece de una representación política homogénea. Está fragmentada en pequeños esfuerzos dirigidos a resolver distintos problemas ambientales. Mientras que para algunos grupos se trata de detener el calentamiento global, para otros importa la conservación del agua o los derechos de los animales.

La clave reside en volver al término original y evaluar si la propuesta modifica, mejora o empeora alguna condición ambiental.

El aspecto social

La sostenibilidad considera que la sociedad debe ser equitativa, lo que puede causar problemas y contradicciones porque se contrapone a la cultura occidental individualista de alto desempeño y competitividad dominante.

Con esto se crean incongruencias: cuando una institución nos dice que debemos estar por delante del resto (sea mediante posesiones, estudios o escalones en el puesto de trabajo) pero a la vez clama ser sostenible o socialmente responsable; o como cuando una escuela dice preocuparse por el calentamiento global y al mismo tiempo promueve estudios especializados en la extracción de hidrocarburos e incluso pinta como algo bueno que la producción mundial de petróleo aumente. Ambas cosas resultan incompatibles.

Una sociedad equitativa se preocupa por producir riqueza sin dañar los recursos de las futuras generaciones y de distribuirla entre su población mediante políticas públicas y programas sociales para garantizar el bienestar general de sus habitantes. En cambio, una sociedad individualista tiende a ir en sentido contrario adoptando un discurso y elaborando políticas que fomentan el avance de minorías sobresalientes.

Lo anterior implica que por fuerza habrá unos que estarán mejor que otros (“winners and losers”, dicen en el slang económico), y que no todos tendrán la oportunidad de sobresalir a falta de educación, recursos o salud. Esta situación crea un conflicto profundo porque, desde la perspectiva de la equidad, el nivel de oportunidades no es igual para todos: siempre existe un grupo que puede aprovecharlas mejor que otro (usualmente el que tiene poder económico), mientras el resto se ve obligado a conformarse con las “suboportunidades” que tiene a su alcance.

Al revisar la sostenibilidad de un proyecto es crucial tomar en cuenta el impacto en las personas que, por una u otra razón, entra en contacto con nuestra propuesta.

Greenwash: organizaciones no sostenibles que dicen que sí lo son.*

Imagen de Naure in a box

Vale la pena examinar algunos ejemplos de aquellas empresas que lo presumen sin serlo. Hablamos de organizaciones que hacen uso de estrategias y medios de mercadotecnia o relaciones públicas para crear la percepción de que sus objetivos, políticas y procesos son amigables con el medio ambiente y la sociedad cuando no lo son, o cuando su giro implica un proceso de producción que por fuerza es altamente contaminante.

Varios ejemplos de greenwashing pueden encontrarse en la industria de la ropa, que invierte millones al año para difundir sus acciones en favor de la sociedad o el medio ambiente. De acuerdo con reportes de ONG´s esta industria es la segunda más contaminante en el planeta (la primera es la petrolera).

Si aplicamos de manera rápida los tres pilares de la sostenibilidad a estos grupos, nos encontramos con que en la esfera ambiental esta industria es un completo fracaso. Si bien gasta millones en comunicación diciendo lo contrario; la realidad es que destruye una enorme cantidad de hectáreas para la siembra de materia prima y contamina millones de litros de agua con fertilizantes y tintes utilizados en la coloración de telas.

De igual forma, en el aspecto social, el mundo de la moda es bien conocido por el empleo de sweatshops en países pobres como Haití, o en zonas económicas libres o especiales en las que se permite la operación de fábricas con tasas de impuestos nulas o preferenciales y bajos sueldos.

¿Para ti qué implica la sostenibilidad? Comparte tus ideas en la sección de comentarios y no te olvides de seguirnos en redes sociales.

Eso deja a la industria únicamente con el aspecto económico a favor. ¿Es redituable? Sí. ¿Sostenible? No.

Si quieres saber más acerca del tema te recomiendo:

  1. Sustainable engineering, Braden R. Allenby, Pearson Education, 2012.
  2.  This changes everything, Naomi Klein, Simon & Schuster, 2014.

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